domingo, 1 de junio de 2014

Minka y el lobo

Hace muchos años, cuando aún existía la monarquía en Rusia, existió un zar. El era muy feliz gobernando a su país. Tenía una esposa y una hija que lo hacían también muy feliz. El único defecto en su vida era una niña a la que su esposa lo hacía llamar "hija", pero el nunca quiso reconocerla como tal,  ya que no tenía ningún parecido con ella. La niña tenía la piel morena, los ojos negros, grandes y rodeados de hermosas pestañas, su cabello era negro, lacio y largo y su nariz era pequeña y delgada. Mientras que el zar y su familia tenían la piel blanca, el cabello rubio cenizo y los ojos azules.

El nombre de aquella niña era Minka. Al ser la vergüenza de la familia según el zar, nunca hablo de ella con nadie y fue encerrada en una habitación del palacio. Solamente le permitían salir una vez a la semana para que no se volviera loca ahí dentro. Cuando salía, le gustaba ir al jardín, sobretodo en el invierno ya que nevaba y a Minka le encantaba la nieve.

Un día mientras Minka daba un paseo por la nieve, encontró a un lobo gris. Se paralizo y no supo que hacer, pensó en gritar pero eso solamente alteraría al lobo. Simplemente dio unos pasos atrás, pero el lobo se fue acercando. Termino por acercarse tanto que Minka pensó que este la comería, pero no lo hizo.

-Yo te conozco.-Dijo el lobo.-Eres Minka.

-¿Como sabes mi nombre?-Preguntó Minka temblando de frío y de miedo.-¿Y por que hablas?

-No soy lo que parezco, es decir, exactamente no soy un lobo, sino un humano convertido el lobo. Hace unos años, una bruja me hechizó por haber sido egoísta con toda la gente que me quería. Pero esto me trajo beneficios.

-¿Como cuales?-Preguntó Minka aún asustada.

-Bueno, digamos que en el hechizo me transmitió algo de su poder, así que puedo ver cosas como el futuro, el pasado y la verdad. Yo se algo de ti que tu no sabes.

-¿Que cosa?-Preguntó de nuevo Minka esta vez más calmada.

-Se quién es tu verdadero padre.-Dijo el lobo.

-Mi verdadero padre esta aquí, en el palacio.

-¿Nunca te has preguntado por que no tienes ningún parecido con el? ¿Ni tampoco porque te odia tanto?

-Mi padre no me odia.-Dijo Minka muy segura de ello.

-Un padre no encerraría a su propia hija en una habitación solamente por su color de piel.-Dijo el lobo.

-Creo que tienes razón.-Dijo Minka.

-¿Quieres que te cuente de tu verdadero padre?.-Preguntó el lobo.

-Me gustaría saberlo.

-Bueno, pues ponte cómoda, porque es una muy larga historia. Hace trece años, la edad que tu tienes, tu madre pidió permiso a ese hombre al cuál llamas padre  para viajar por un tiempo. El dijo que sí. Ella viajo a muchos lugares, entre ellos un lugar llamado Arabia. En uno de los países que conforman esta península, conoció a un rico mercader. Se enamoro de el y el de ella, por lo que su estancia en aquel lugar fue muy larga, fue de dos meses. Un día, tu madre recordó que tenía un esposo y una hija en Rusia, por lo que tuvo que volver. Pero cuando volvió se dio cuenta de que estaba embarazada del mercader. Ocho meses después naciste tu. El zar se dio cuenta por tu color de piel y tus ojos de que no eras su hija. Pero a  pesar de su ira no le hizo ningún daño a tu madre por el amor que le tenía. Así que decidió desquitarse contigo.

-¿Cuál es el nombre de mi verdadero padre?-Preguntó Minka.

-Sammad Sabur.-Respondió el lobo.

-MINKA! MINKA!-Gritó una voz desde la ventana.

-Es el zar.-Dijo Minka.-Debo irme lobo, muchas gracias por contarme la verdad.

-De nada Minka y llámame Alik.

Minka corrió al palacio. El zar la estaba esperando, la jaló del cabello y la azotó contra el suelo.

-¿Tu hiciste esto?-Le preguntó el zar mostrándole unas zapatillas de cristal rotas.

-No.-Contestó Minka algo atontada por el golpe.

-Claro que fue ella.-Dijo Natasha, la hija del zar y media hermana de Minka.-Yo la vi hacerlo.

-Eso no es cierto.-Dijo Minka ya de pie.

-¿Como se te ocurre hacer esto a unas horas de la fiesta de cumpleaños de tu hermana?-Dijo su madre.

-No lo hice, ya se los dije. Además ella ni siquiera es mi hermana.-Dijo Minka y luego señaló al zar.-Y tu no eres mi padre, ahora lo se todo.

El zar se sorprendió un poco y luego dijo...

-Niña, no esperabas que yo fuera tu padre ¿O si? Solamente mírate y míranos a todos nosotros. No tienes ningún parecido con esta familia. Y por eso no eres ni jamás parte de ella, tienes suerte de que te dejemos vivir aquí.

-Pues sabes algo.-Dijo Minka muy enojada.-Prefiero morir de frío en la nieve que vivir encerrada en una habitación toda mi vida. Yo misma me voy.

Minka fue a su cuarto y empacó solo lo indispensable. Antes de que pusiera un pie afuera del palacio su madre le dijo.

-Hija, yo si soy tu madre y si te considero como parte de mi familia. No me digas que haces esto solo por unas tontas zapatillas. Yo se que no fuiste tu, pero tu padre siempre se pone del lado de Natasha y no quiero que haya discusiones interminables.

Minka le dio un empujón a su madre y salió. Fue al mismo lugar en donde encontró al lobo. Gritó su nombre pero no aparecía. Luego se volteó y ahí estaba.

-Alik, necesito tu ayuda. Quiero conocer a mi verdadero padre.

-Bueno, creo que puedo ayudarte, pues yo lo se todo.-Contestó el lobo Alik.- Además he escuchado que en Arabia existe una lámpara de aceite que guarda a un genio, el cuál concede tres deseos. Tal vez me conceda el ser humano de nuevo. Sube en mi lomo, debemos irnos ya para llegar rápido.

Minka y el lobo Alik viajaron por mucho tiempo, dos años apróximadamente. Atravesaron muchos países Europeos, luego llegaron a Asia, en donde se encuentra la península arábiga. Aquí se dirigieron a un lugar que hoy en día es conocido como Irak. La ciudad en la que se encontraban estaba llena de mercados, en los cuales vendían hermosos vestidos de seda y joyas que llamaban la atención de Minka. Todo el mundo se sorprendía al ver a Alik, ya que no había muchos lobos en la región. Pasaron de puerta en puerta preguntando por el mercader Sammad Sabur. Nadie entendía ruso así que todo el mundo les cerró la puerta, pero Alik, quién lo sabía todo, encontró una solución. El le decía a Minka lo que tenía que decir y ella lo repetía. Luego cuando alguien le respondía Alik le traducía todo.

Así fueron preguntando de casa en casa hasta que alguien les supo responder. El mercader ahora vivía algo aislado de la sociedad en el límite que había entre el desierto y la ciudad. Minka y el lobo Alik fueron ahí, su casa era grande, pero sin embargo no era un palacio. Minka le pidió a Alik que lo esperara afuera y toco la puerta. El mercader la abrió, era un hombre robusto y barbudo. Usaba un traje de seda blanco y un turbante. Minka estaba sorprendida, y no por lo enorme que era su barba, si no por que al fin estaba viendo a su padre.

-Hola.-Dijo Minka en ruso.

-Hola.-Le contestó el mercader en ruso.-¿Que se te ofrece?

-¿Sabes hablar ruso?-Preguntó Minka sorprendida.-Pensé que nadie en esta ciudad sabía ruso.

-Un mercader debe hablar varios idiomas para poder comercializar también con gente extranjera.-Respondió el mercader acomodándose el turbante.-Y vuelvo a preguntar... ¿Que se te ofrece?

Minka tenía miedo de decir que era su hija, tal vez el no se acordaría de su madre, pero sin embargo dijo...

-Hace quince años tuviste un romance con una mujer rusa. Ella se fue, pero quedo embarazada de ti. Yo soy tu hija y mi nombre es Minka

El mercader se sorprendió, no sabía que decir.

-Bueno, es cierto, ¿pero que es lo que esperas de mi?

-Quiero quedarme contigo.-Dijo Minka.

El mercader dio un suspiro y dijo...

-Niña, estas muy grande para que yo te cuide como si fueras un bebé. Incluso ya deberías buscar un esposo, o en todo caso, deberías ir con la familia que te crío. Ahí esta tu verdadero padre, el es quién te cuido, no yo. Yo solamente soy tu padre genéticamente, no te crié ni te di el nombre que tienes. Ahora vete.

-Pero el esposo de mi madre, el zar, es horrible. Me encerraba en una habitación solo por ser su hija bastarda. El me odiaba, nunca me mostró cariño alguno.-Dijo Minka.

-Bueno, si no vas a regresar con ellos, deberías explorar el mundo, aún eres joven.-Dijo el mercader.-Si quieres, puedo hacerte un regalo para compensar todos los años que no estuve contigo.

El mercader sacó una lámpara de aceite de un baúl. Luego se la entregó a Minka en las manos y le dijo...

-Esta lámpara perteneció a un hombre llamado Aladdin. Hay un genio dentro de ella que concede tres deseos, cuando quieras pedir uno solo frota uno de los lados.

Minka dio las gracias y abrazó al mercader. Se despidieron y Minka salió de la casa. Estaba triste por que aquella era la única vez que vería a su padre, sin embargo había conseguido la lámpara que quería Alik. Este frotó la lámpara con su pata y le pidió al genio ser humano otra vez. No terminó de pedir su deseo y ya se encontraba de pie. Estaba igual que el día en el que fue hechizado, vestía la misma ropa y se seguía viendo como un muchacho de diecinueve años. A Minka le pareció muy guapo.

Alik y Minka regresaron a Rusia, pero esta vez a caballo. Como era un caballo muy veloz solo tardaron un año. Ninguno de los dos tenían a donde ir, por lo que decidieron vivir juntos en una cabaña abandonada.

Un día Minka se econtraba viendo su reflejo a las orillas del río. Alik estaba junto a ella y le preguntó...

-¿Por que te pones triste cuando ves tu reflejo?

-Me siento fea.-Contestó con la cara hacia abajo.-El zar siempre me hizo sentir así.

-No eres para nada fea.-Dijo Alik levantándole la barbilla cariñosamente con la mano.-Eres hermosa, eso fue lo que me hizo ir hacia ti el día en el que te encontré en la nieve. Nunca había visto una mujer con cabello negro y piel morena. Todas las que había visto hasta entonces eran rubias y me parecían aburridas. Tu eras diferente.

Minka sonrió y lo abrazó. Se enamoraron y unas semanas después se casaron. Un día llego un guardia del palacio a su cabaña. Este les informó que Natasha, la hija del zar, había muerto de hipotermia cuando se cayó en un río de agua helada. Por lo que Minka ahora era la única heredera. Ella y Alik fueron al palacio, cuando Minka vio al zar se sorprendió. Tenía ya arrugas en la cara y el pelo canoso al igual que su madre. Comprendió porque les hacía falta un heredero, morirían pronto.

-Minka.-Dijo el zar.-Perdón por lo que te hice cuando eras niña, no debí haberme desquitado contigo por lo que paso entre tu madre y ese mercader árabe.

-Disculpa aceptada.-Dijo Minka.

Ella y el zar se abrazaron. Tiempo después, el y su esposa murieron, por lo que Minka y Alik gobernaron Rusia, tuvieron tres hijos y vivieron felices hasta que se hicieron viejos y murieron.

13 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Siento que me quedo horrible el cuento pero tenía que escribir algo...
      Saludos!!

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  2. ¡Gracias por pasarte por mi blog y haberme dejado un comentario! :)

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  3. Me ha encantado, aunque yo al Zar ni le perdonaba
    un beso

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  4. Me ha gustado mucho, no te quedo nada mal, es genial!!

    Un beso××

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  7. Que lindó!! Minka se merecía un final feliz

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  8. Bonita hitoria... Algo así como una mezcla entre Anastasia, Aladdin y el príncipe encantado jeje Enhorabuena :)

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